Carta Electrónica Evangelista - Marzo de 2006

¿Es usted un fariseo o un publicano?

¿Usted se considera una persona moral y religiosa? ¿Usted se siente que usted es bastante bueno para merecer el cielo?

Una vez el señor Jesús dijo una parábola a "algunos que estaban confiados en su propia justicia y menospreciaban a los demás" (Lucas 18:9-14):

“Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: 'Dios, te doy gracias porque que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana y doy diezmos de todo lo que gano.”

Según los estándares humanos el fariseo era un buen ciudadano ejemplar, y más celoso de su religión que la mayoría de nosotros. Este hombre era absolutamente diferente del publicano, el cual era notorio que no tenía nada que ofrecer a Dios.

“Mas el publicano, estando lejos. No quería ni aun alzar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, se propicio a mí, pecador.”

Consciente de su pobreza y necesidad espiritual, este hombre miserable se quedo parado lejos e incluso no levantaba sus ojos del suelo. Sus palabras sobre si mismo fueron solo ` que soy pecador '; él vino ante Dios con las manos vacías, pidiendo misericordia.

Bueno, entonces ¿Quién es usted - el fariseo o el publicano?

Quizás usted protesta diciendo que no es como el fariseo, que usted no se está jactando sobre sus buenas obras ni usted anda menospreciando a los otros, y además, lo más importante, usted atribuye al mérito de sus obras a la misericordia de Dios que le permite vivir una vida santa. Pero de esa manera hizo también el fariseo de la parábola; él también atribuyó su buen carácter y sus logros a Dios y le agradeció por ellos.

¿Y qué si usted continúa confiando en sus obras para merecer la vida eterna - no obstante lo que Dios hizo por su misericordia en la cruz? ¿Dios se lo contará como justicia y será admitido al cielo?

No, usted no lo será. Le enviarán al infierno con todas sus buenas obras. Porque Jesús concluye:

“Os digo que este (el publicano) descendió a su casa justificado antes que el otro (el fariseo). Porque cualquiera que se enaltece; será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”

Se justifica el pecador ¡ al "buen" hombre no! Porque el "buen" hombre es demasiado orgulloso para ver que él es también un pecador y digno de la condenación igual que todos los demás.

Quiera Dios abrirle los ojos para verse como usted realmente es, un pecador, y le de la humildad para pedir lo que usted no merece, misericordia! Él le justificará si, y solo si renunciando a toda la confianza en si mismo, pone usted su fe en Cristo Jesús.